jueves, 13 de noviembre de 2025

Visión Realista

Bien aquí estamos: casi "en camino". Probablemente estés organizando qué y cómo embalar, mirando hacia adelante, hacia la aventura emocionante y desconocida que estás enfrentando. Naturalmente tienes sueños y expectativas de lo que encontrarás cuando llegues "allá" (sea donde fuere); sueños que están basados en muchas co-sas. Cuando éramos niños leíamos montones de historias misioneras, y decidimos a temprana edad que queríamos ser misioneros. Nuestros sueños de misión comenzaron/ hace mucho tiempo. ¿Y tú? ¿Cuándo comenzaste a desarrollar sueños de misionero? Como nosotros, pudiste haber leído historias que te hacían agua la boca por una misión. Puede ser que hayas escuchado a misioneros en licencia o a estudiantes misioneros que vinieron a tu iglesia o colegio. Puede ser que tu interés sea más reciente, proveniente del estímulo de un amigo, o del estímulo del Espíritu Santo en tus devociones o durante un encuentro.

Sin embargo, no importa dónde comenzaron, el hecho es que ahora te estás aprontando para convertir esos sueños en realidad. ¡Alabado sea el Señor!

Tener sueños es valioso, incluso indispensable, para un misionero. Pero los sueños deben estar equilibrados con la realidad para no terminar chasqueando, incluso burlándose, de nosotros, volviéndose una insatisfacción y finalmente una desilusión. Por lo tanto, veamos algunos pocos aspectos que enfrentaremos en lo que llamaremos “poner los pies en la tierra"

EL LUGAR

Ir a un nuevo lugar: naturalmente tenemos ciertas ideas de cómo será, cómo se verá, etcétera. Sin pensar mucho sobre el tema, muchos de nosotros esperamos que todos los campos misioneros se parezcan: algo asi como paraisos tropicales, con arena blanca y palmeras, simples casas de bambú con techo de paja ubicadas en la jungla exótica, y por supuesto, piraguas como transporte. ¿Te suena familiar? Es posible que sepamos mejor, pero esta imagen mental permanece.

La realidad es que los campos misioneros vienen en todos los tamaños y las formas. Y, en el mundo de hoy en día, a causa de que la mayoría de la población mundial vive en megaciudades, encontrarás que los campos misioneros más grandes son las ciudades del mundo. Y las ciudades son muy parecidas en todo el mundo: grandes, populosas, sucias, y (según algunas normas, finalmente) feas. Pueden ser tropicales y puede ser que veamos algunas pocas pal-meras, pero de cierto modo las ciudades no se ubican dentro de nuestro estereotipo de "campo misionero". El asunto es que entonces, al ver la realidad, tenemos que preguntarnos: ¿Son las ciudades menos campo misionero que la jungla? Un suburbio moderno lleno de personas que no tienen conocimiento de Jesús, ¿está menos necesitado del evangelio que una aldea aislada? iLa respuesta obvia es no! Pero, terminar en una ciudad desparramada, con sus desafíos inherentes, no cabe en lo que inicialmente soñamos como campo misionero. La primera realidad es que un campo misionero es cualquier lugar donde las personas necesitan conocer al Señor, ¡incluso una ciudad!

NOSOTROS MISMOS

El segundo aspecto para analizar es a nosotros mismos como "misioneros reales". Cuando éramos niños, el "mi-sionero real" era un semisanto, vestido con casco de explo-rador, un rollo de láminas todo gastado permanentemente sostenido debajo de su brazo, caminando perpetuamente a través de la jungla. La realidad es que los misioneros de hoy en día probablemente nunca hayan visto un casco de explorador y se reirían con el solo pensamiento de ser semisantos. Los misioneros son personas comunes y corrientes que están trabajando en ambientes transculturales lejos de su hogar.

Naturalmente, la mayoría de los misioneros aspiraría a ser versiones nuevas mejoradas de aquellos, pero des-afortunadamente, llegar a ser un misionero no nos hace distintos, necesariamente. Ciertamente todos tendremos los mismos rasgos básicos de personalidad, buenos o malos, que siempre tuvimos. Tendremos tentaciones y luchas similares, fortalezas y debilidades. No tendremos repentina inmunidad a los desatios de la vida solo porque nos mudamos a un sitio nuevo como misioneros. La realidad es que una de las bellezas del plan de Dios es que él nos toma tal cual somos (defectuosos y todo) y nos usa en su servicio. Oh, definitivamente él trabaja en nosotros todo el tiempo, a medida que se lo permitimos, pero no deberíamos estar impactados o desilusionados si nos damos cuenta de que todavía somos básicamente la misma persona que siempre fuimos cuando lleguemos al campo misionero, no algún super (o aun semisuper) santo. Dios no estará sorprendido.iNi debiéramos estarlo nosotros!

Esa es la segunda realidad.

EL TRABAJO Y LAS PERSONAS

El tercer aspecto por considerar es el trabajo y las personas para las cuales somos llamados. Nuevamente tenemos esas imágenes del pasado en nuestros sueños:

hileras de niños adorables pendientes de cada una de nuestras palabras; una muchedumbre de personas con los brazos abiertos dándonos la bienvenida; enseñando y bautizando a una multitud de nuevos conversos ansiosos.

Por supuesto, todavía existen ese tipo de eventos hoy en día en una misión; y te garantizamos que conocerás y te harás amigo de algunas de las personas más maravillosas que hay en la Tierra, personas que llegarás a amar; personas que extrañarás muchísimo cuando tengas que partir.

Sin embargo, tus encuentros serán algo diferentes de esa imagen estereotipada que puedas tener. Mucho de lo que hacen los misioneros es en zonas donde el trabajo se ha estado realizando durante muchos años, y en realidad está bien establecido. Frecuentemente sirven en roles de soporte, trabajando en instituciones u organizaciones ya establecidas. Desgraciadamente, también podrás heredar algunos desafíos que son el resultado de malentendidos del pasado. Recuerda, las personas donde servirás ya tuvieron muchos encuentros con extranjeros, misioneros y otros, antes de que tú llegaras a la escena. Algunos de estos encuentros fueron positivos. Desdichadamente, otros no.

Las cicatrices que quedaron de estos encuentros no tan positivos del pasado frecuentemente provocan actitudes de desconfianza, e incluso de rechazo, hacia los extranjeros puede llevar a las personas a tener un espiria lenófobo que lleva a una actitud de ""MISIONERO, GO HOME" Si algo de esto llegara a suceder, ¿significa que malentendiste tu llamado? ¿Signifca que deberías responder del mismo modo? ¡Obviamente, nol Los misioneros frecuentemente pueden ser agentes de paz y buena voluntad, al vendar heridas del pasado y traer sanidad a relaciones fracturadas.

LAS CUATRO FACETAS DE LA REALIDAD

Habiendo visto las realidades de nuestro lugar de servicio, acerca de nosotros mismos y del trabajo que haremos, vayamos ahora a las cuatro facetas de la realidad en nuestra vida personal que necesitamos considerar.

No es el hogar

No importa cuán maravilloso sea el lugar donde vamos a servir, no va a ser nuestro hogar; al menos en un comienzo. Nuestro hogar es un lugar que es familiar, donde nos sentimos cómodos, aceptados, comprendidos, amados y apoyados. Es el lugar al que pertenecemos. En vez de eso, en un lugar nuevo inicialmente nos sentimos como extraños. Rápidamente nos damos cuenta de que somos "de otro mundo". Diferentes. ¡Somos los extranjeros! Las formas en que hablamos, vestimos, comemos y actuamos son todas extrañas. Es posible que nos toquen, observen, e incluso que se rían de nosotros. Hay momentos en que nos podemos sentir a prueba y mal comprendidos. Y, por no saber el idioma o no entender la cultura, frecuentemente nos sentimos dejados de lado: las conversaciones zumban a nuestro alrededor, la gente ríe o llora, se ve preocupada o feliz, y no nos sentimos parte de todo eso. Ese es el aspecto de la realidad que nos puede llevar a hacer algunas cosas extrañas. Desarrollamos nostalgia, y extrañamos cosas que apenas nos gustaban "en casa" (nevadas, autovías, filas para la inscripción en la escuela superior, publicidades de televisión, ¡incluso comida de cafetería!).

No es un refugio

Además, ir al campo misionero no es un refugio. No es un lugar para escapar de problemas, trabajo, la escuela, responsabilidades, reglas y autoridades, incluso malos hábitos, la familia, amigos o tentaciones. La realidad es que descubriremos los mismos desafíos en el campo misionero que esperábamos haber dejado atrás. Las tentaciones abundan/Los problemas están en todos lados. Todavía tenemos que trabajar y asumir responsabilidades, y es posible que descubramos que las reglas y la autoridad de otra cultura son incluso mucho más difíciles de sortear que las propias.

No es el cielo

Además de no estar en casa o en un refugio, el campo misionero tampoco es el Cielo. ¿Qué significa esto?

Bueno, para los que comienzan significa que no nos vamos a convertir automáticamente en personas profundamente espirituales. Volar sobre agua salada (o manejar hasta otro país) no nos va a acercar más a Dios. No vamos a ser automáticamente consagrados solo porque ahora somos misioneros.

La realidad es que permanecer junto a Dios de muchas formas es tan difícil en ultramar como en casa. Pero, como nos estamos retrayendo de nuestro sistema normal de apoyo y estamos haciendo las cosas por nuestra cuenta, habrá seguramente más oportunidades para "probar y ver que el Señor es bueno" si elegimos enfrentar los desafíos con él (en vez de solos).

No es el infierno

Por último, el campo misionero no es el infierno.

Vendrá el día en que el entusiasmo inicial se haya ido, la burbuja se revienta y nos despertamos una mañana y decimos: "¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Por qué habré pensado que esta era una buena idea?" Miramos anhelantes al almanaque, el tiempo parece estirarse infinitamente hacia el futuro, y nos preguntamos si podremos sobrevivir otro día, ini que hablar de otro año! ¿Qué pasó con nuestra sensación de estar bien y la maravillosa alegría que anticipábamos en nuestros sueños de servicio en misión? ¿Qué clase de realidad es esta? ¿Vale la pena? La incomodidad que sentimos es una realidad que no disfrutamos.

ENTONCES ¿QUÉ HAGO?

Ahora que vimos brevemente estas cuatro realidades, vamos a debatir cómo manejarlas. Para comenzar, es importante que sepamos que la realidad es diferente de nuestros sueños y esperanzas. Es útil estar prevenidos; por lo menos, nos ayuda a evitar sorpresas desagradables e inesperadas. Junto a eso, necesitamos esperar (y disfrutar) lo inesperado. Frecuentemente descubrimos una nueva realidad, que es ampliamente diferente e incluso mejor que la que esperábamos originalmente.

Por sobre todo, comienza a recoger recuerdos. Aun en los días más oscuros, cuando la realidad parece arrolladora, hay experiencias para ser recordadas. Después de todo, esto es una aventura, posiblemente la aventura más grande que alguna vez hayas tenido para anotar. Aprovéchala.

Finalmente, mantén tus ojos en Jesús, el primer misionero de la Era Cristiana. ¿Te imaginas lo que tuvo que haber sido para él hacer frente a las realidades de esta Tierra?

Realmente no nos podemos imaginar eso, ¿verdad? Él lo hizo, y nos prometió que estaría siempre con nosotros, así nosotros también lo podemos hacer.

En conclusión, recuerda que no importa cuánta incomodidad te pueda producir a veces esta experiencia, estarás mucho más cerca de la verdadera realidad durante las próximas semanas y meses de lo que estás ahora. Vas a estar alcanzando el mundo real, donde encontrarás la vida con toda su realidad: diversidad, necesidad, dolor, alegría, esperanza y miedo, en un grado tal como nunca lo conociste. Como resultado, tu realidad cambiará para siempre. ¡Ve en paz!

Tu turno

1. ¿Cuáles son algunas de las ideas que tienes acerca de la misión y los misioneros que probablemente sean estereotipos irreales?

2. ¿Qué puedes hacer para desarrollar una visión más realista de la misión y de los misioneros?


Erich W. Baumgartner (et. al) Pasaporte para la Misión. (Buenos Aires:ACES, 2025) 156-163.

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