viernes, 14 de noviembre de 2025

La familia misionera - Las relaciones con otros misioneros del mismo campo

Recuerdo cuan emocionada estaba cuando, siendo adolescente, subí con mis padres al avión que nos llevaría a África. Y recuerdo lo exhausta que me sentía cuando, muchos años después, mi esposo y yo hicimos el mismo viaje con dos niños pequeños. Llevar a una familia al campo misionero es realmente una aventura, pero tiene su lado bueno y su lado malo.

Muchos de ustedes se están aprontando para ir al campo misionero con su familia. Compartir la aventura de la misión con los que amas es maravilloso. Los miembros de la familia proporcionan apoyo mutuo constante.

Hay alguien con quien conversar en el idioma materno y alguien con quien compartir las experiencias nuevas.

Como dice un viejo proverbio sueco: "Las alegrías compartidas se duplican, y los problemas compartidos se dividen por la mitad". Sin embargo, las familias misioneras también se enfrentan con una tarea de ajuste bastante más complicada. Hacer las maletas, viajar y asentarse en un nuevo lugar involucra a más personas y, por lo tanto, requiere más energía relacional. Sin embargo, la mayoría de los misioneros estaría de acuerdo en que, a pesar de las dificultades, las complejidades e incluso el agotamiento, servir a Dios como familia misionera trae mucho gozo y realización.

Para pensar:

• ¿Cómo afecta la decisión de ser misionero a tu familia? ¿A tu cónyuge? ¿A tus hijos?
• ¿Cada miembro de tu familia siente el llamado de Dios a la misión?
• ¿Qué factores podrían dificultar que tu familia se mude al campo misionero?

LA TRANSICIÓN DE LA FAMILIA

Una de las experiencia más grandes y complejas que pueda hacer una familia es mudarse al campo misionero.

No solamente se está reubicando físicamente; también están en una transición desde el punto de vista emocional, cultural y social. Tienen que ajustarse a unnuevo estilo de vida, estatus social, dioma, alimentación, trabajo y clima.

Uno de los resultados de una transición tan profunda como esta es que nos enfocamos en sobrevivir a todos los cambios en nuestra vida y no nos quedan energías para dedicar a los demás. Estar involucrado en los problemas de ajuste de una esposa o de un hijo puede necesitar más paciencia y empatía de la que pensamos que tenemos. (Los misioneros solteros que van con un equipo pueden sentir impaciencias similares con un compañero de equipo o de habitación al que le resulte difícil ajustarse). Pero las familias son un sistema interconectado, así que la meta debe ser un ajuste óptimo para cada uno de sus miembros.

Puede ser de ayuda para los misioneros, tanto solteros como casados, comprender el proceso de transición, especialmente si es desparejo y de naturaleza individual, y ser más conscientes de su propio proceso de ajuste y, por ende, ser más comprensivos con las dificultades de ajuste de los demás (ver capítulo 11 para un debate acerca de las etapas de transición).

EL MATRIMONIO MISIONERO

¿Sabías que ir a un campo misionero puede beneficiar tu matrimonio? Saber que Dios los ha llamado como una pareja para el servicio misionero les da un propósito compartido. En el proceso de lograr una meta en común, crearán una historia compartida y un banco rico en recuerdos. Viajar a lugares exóticos, aprender a comer y a gustar de comidas nuevas, hacer nuevas amistades, incluso enfrentar juntos los contratiempos se combinan para darles una historia única para ustedes, como pareja; lo opuesto a muchos casos, en que los esposos tienen que fijar horarios para poder pasar tiempo juntos, las parejas misioneras descubren a menudo que uno de los regalos del servicio misionero es más tiempo para estar juntos. Es posible que trabajen juntos en la misma oficina, coman la mayoría de las veces en casa, viajen juntos a todas partes, compartan amigos y actividades sociales con su cónyuge.

Un beneficio que solamente apreciarás con el correr del tiempo es la libertad de poder crear el ambiente cultural en tu familia. De cierta manera, los misioneros viven afuera tanto la cultura propia como la del lugar donde están. Mientras que necesitan adaptarse a las normas de la cultura anfitriona la mayor parte del tiempo, en su propio hogar los misioneros generalmente crean una cultura familiar híbrida. Esa cultura híbrida familiar, elaborada a partir de todas las culturas que tú y tu cónyuge traen al matrimonio, y la experiencia como pareja, puede llegar a ser una herencia familiar apreciada y liberadora.

ENFRENTAR JUNTOS LOS DESAFÍOS

Como es de esperar, la vida de misión también depara desafíos a las parejas misioneras. En vez de darles más tiempo para estar juntos, podrás descubrir que el trabajo que tienen que hacer requiere que tú o tu conyuge tengan que viajar lejos de casa por mucho tiempo. Las separaciones frecuentes suelen ser una dificultad para los matrimonios en cualquier parte, pero en el caso de matrimonios misioneros esto es un reto particular por las a menudo escasas comunicaciones, los peligros de viajar y la falta de apoyo para el cónyuge que quedó en casa.

Otros desafíos en el servicio misionero que se plantea a las parejas misioneras puede ser la pérdida de sistemas de apoyo personal o matrimonial, inseguridad financiera, y diferencias ambientales, culturales o religiosas que impactan al matrimonio, tales como falta de privacidad, tabúes con respecto a cualquier demostración pública de afecto, diferencias en los roles de los géneros, etcétera.

No es necesario haber estado casados por mucho tiempo para descubrir que los desafíos de la vida frecuentemente se interponen a través del matrimonio. El estrés en la oficina o los problemas con los hijos a menudo producen tensión entre los esposos. La vida transcultural trae nuevos tipos de estrés, así que, no te sorprendas si eso requiere algo más de tu matrimonio. Sin embargo, así como el levantamiento de pesas fortalece los músculos, los matrimonios misioneros se pueden ver fortalecidos con la respuesta adecuada a los desafíos de la vida misionera.

Tiene vital importancia, y es el fundamento de todos los matrimonios cristianos, la entrega del uno hacia el otro. Si estamos comprometidos con nuestra pareja, tendremos la • motivación para practicar nuestras destrezas en cuanto a la buena comunicación, ser tolerantes y flexibles en nuestras respuestas, prestar atención a las necesidades de nuestro cónyuge, y crecer en nuestro gozo y amor el uno por el otro. Trabajar deliberadamente para fortalecer tu matrimonio es un regalo que te das a ti mismo y un poderoso testimonio del Señor de amor.

Fortalecer el matrimonio misionero

(Ideas recolectadas de los misioneros en los institutos misioneros).

• Hagan paseos juntos para conversar sobre lo ocurrido en el día.
• Lean el uno al otro en voz alta libros interesantes.
• Oren juntos todos los días.
• Jueguen juntos juegos de mesa o deportes como fútbol, tenis, etc.
• Viajen juntos cuando les sea posible.
• Utilicen Internet para conversar cuando estén separados.
• Planifiquen un tiempo especial para la pareja durante su licencia anual.
• Eliminen todas las posibles heridas antes de ir a dormir cada noche.
• Aprendan y muestren interés cada uno por el trabajo del otro.
• Lean libros/vean videos sobre enriquecimiento matrimonial.

NIÑOS DE LA TERCERA CULTURA

Muchas familias llevan a sus hijos al campo misionero y aun más son los que nacen en familias misioneras. Las estimaciones pueden variar, pero no es una exageración decir que los hijos de misioneros (MKs del inglés) son unos diez mil hoy en día. Y los hijos de misioneros son una parte de un grupo aún más amplio de niños de la tercera cultura (TCKs del inglés), que incluye a los niños de cuerpos militares, diplomáticos y de negocios internacionales.

La "tercera cultura" de estos niños es una mezcla entre la cultura de sus padres (primera cultura) y las distintas culturas de los lugares en los que crecieron (segunda cultura).

Comprender y apreciar las fortalezas y las debilidades que una crianza internacional fomenta en los niños de la tercera cultura puede ayudar a los padres a responder y a apoyar a sus hijos apropiadamente. Los niños de la tercera cultura no son extraños ni diferentes. Sus problemas son problemas humanos, y sus dones son el resultado natural de sus experiencias infantiles. Nosotros, como padres, necesitamos aceptar que nuestra decisión de ser misioneros cambió la vida de nuestros hijos para siempre: no todo para peor ni todo para mejor. Nuestra tarea, y la de ellos a medida que van madurando, es trabajar con Dios para conocer los desafíos y construir sobre los beneficios que sus experiencias misioneras proporcionan.

Un niño de la tercera cultura (TCK) se define como "una persona que ha pasado una parte significativa de sus años de desarrollo fuera de la cultura de sus padres. Un niño tal construye relaciones con todas las culturas, sin tener una completa posesión de ninguna de ellas. Aunque elementos de cada cultura son asimilados en la experiencia de vida de un niño así, el sentido de pertenencia está en relación con otros de ambiente similar"

Características de los niños de la tercera cultura

A pesar de la variedad de ambientes en que fueron criados, los niños de la tercera cultura comparten muchas características. Una niñez móvil trae sensibilidad y empatía por los demás, un amplio banco de relaciones y muchos recuerdos enriquecedores. Las mudanzas también pueden hacer que estos niños se sientan sin raíces y que experimenten el dolor de la pérdida de pertenencia. A menudo son observadores perspicaces, con excelentes habilidades transculturales, independientes y altamente motivados.

Sin embargo, su flexibilidad y adaptabilidad innata puede hacerlos parecer sin convicciones, socialmente lentos y en desacuerdo con la cultura de sus padres. A pesar de las dificultades, la mayoría de estos niños está agradecida por su crianza internacional y la amplia visión del mundo que esta les ha dado.

Que pueden hacer los padres

Uno de los más grandes regalos que los padres misioneros pueden dar a sus hijos es un hogar estable y amante. Algunas características paternas que proveen un fúndamento sólido para la crianza exitosa de niños de la tercera cultura son: una comunicación abierta, límites saludables, relaciones comunitarias positivas y una fe práctica en Dios. Como padres misioneros, necesitamos comprender la "tercera cultura" de nuestros hijos y permitirles que experimenten en su búsqueda para encontrar su propia identidad cultural. Lo que los puede ayudar a equilibrar sus culturas es crear para nuestros hijos, lo máximo posible, un ambiente familiar hogareño, mientras apoyamos su desarrollo de relaciones positivas en la cultura anfitriona.

Los niños más pequeños se ven muy afectados por los problemas de ajuste de sus padres. Los más grandes pueden llegar a necesitar ayuda para permanecer en contacto con amigos y parientes de la cultura de origen, hacer nuevos amigos y ajustarse a diferentes ambientes escolares. Si trabajamos honestamente para allanar nuestros propios problemas de ajuste, buscar mantener una relación matrimonial fuerte y ayudar a nuestros hijos, que son una parte valiosa en la misión de Dios, podemos confiar en que nuestro Padre celestial nos va a guiar en la crianza de sus niños.

Relaciones de los misioneros de carrera y los misioneros voluntarios

Para construir un equipo que funcione bien en cualquier lugar hace falta un esfuerzo intencional. La diversidad de los equipos misioneros, formados por misioneros de carrera y voluntarios de muchos trasfondos culturales diferentes y de edades distintas, requiere aún más paciencia y perseverancia para trabajar bien. Entender las diferencias puede ser el comienzo para edificar un equipo misionero que demuestre el amor de Dios, amándose el uno al otro.

Voluntarios vs carrera

Los misioneros voluntarios necesitan trabajos bien específicos que estén capacitados para realizar. A causa de la brevedad de su período de servicio, ellos pedalean a través de las etapas de transición y del choque cultural a mayor velocidad. La soledad puede llevarlos a necesitar más apoyo social o a buscar relaciones cuestionables. Los misioneros de carrera pueden o no haber resuelto los problemas causados por su propia transición y el choque cultural. Generalmente tienen que lidiar con las demandas de su familia y de su trabajo, haciendo que su vida esté muy ocupada. Su ajuste a la cultura local a lo largo del tiempo puede incluir algunas conclusiones que suenen negativas o prejuiciosas, o que surjan de fatiga cultural. Los misioneros de carrera y los voluntarios necesitan reconocer que sus experiencias son muy diferentes y resistirse a emitir juicios sobre el otro.

Mi cultura vs tu cultura

Como dijera un misionero recientemente: "Yo no tengo ningún problema con los lugareños, ¡es con los misioneros de ____ con los que no estoy conforme!" Es muy frecuente que la naturaleza multicultural del equipo misionero signifique que los misioneros deban adaptarse a las diferentes culturas, además de la cultura local. Cada equipo misionero forja su propia cultura única, formada por las variadas culturas de sus miembros. Reconoce que si hay una cierta cantidad de misioneros de una cultura, el estilo de esa cultura probablemente predominará en pautas de comunicación y de manejo de conflictos. Cuando llegan nuevos misioneros, es tarea de ellos aprender no solamente la cultura del lugar, sino también la cultura del equipo. Los equipos misioneros necesitan recordar constantemente sus razones para ser testigos hacia las personas del lugar y ajustar su cultura de equipo a fin de cumplir mejor ese propósito.

Jóvenes vs Mayores

Cada generación, formada por diferentes eventos de la vida, absorbe un singular paquete de valores y creencias.

Agregando a esto, cuanto más larga la vida, más está uno formado por las pruebas y las alegrías de la vida. Los mi- * sioneros mayores pueden sentir que si ellos han tenido que sufrir determinadas pruebas los misioneros jóvenes deberían sufrir pruebas similares. Los misioneros más jóvenes pueden creer que los misioneros más viejos son inflexibles y anticuados. Los misioneros mayores necesitan recordar cómo era ser joven y estar solo y lejos de casa, y deberían estar dispuestos a dar amor, apoyo y aceptación.

Los misioneros más jóvenes necesitan entender que la experiencia es valiosa y que los misioneros más viejos pueden enseñarles mucho, si ellos están dispuestos a aprender con paciencia.

Tu turno

1. ¿Qué sugerencias para fortalecer los matrimonios misioneros te parecen más útiles? Escribe otras ideas que se te ocurran.

2. ¿Cómo se ha manejado tu familia con transiciones importantes en el pasado? ¿Qué puedes hacer para que este proceso de transición sea más fácil para tu familia?

3. Repasa las características de los niños de la tercera cultura. ¿Cuáles sientes como las más preocupantes con respecto a tus hijos? ¿Qué puedes hacer para ayudar a tus hijos a desarrollar características positivas y a manejar las negativas?

Erich W. Baumgartner (et. al) Pasaporte para la Misión. (Buenos Aires:ACES, 2025) 198-208

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