Ferres menciona que existe un mercado del dolor
Para Ferres los medios presentan una pornografía de los sentimientos. Los medios se meten en la vida privada. En la intimidad. Hay un uso deshonesto de los sentimientos. Esto genera un cierto morbo, una cierta atracción.
Ni siquiera te filmes en tu vida privadaNunca cuentes tu vida privada a los medios.
Lo virtual tiene fuerza, genera emociones y poder de atracción.
1. Tesis central del libro
El argumento nuclear del libro es que las pantallas actúan prioritariamente sobre el cerebro emocional e inconsciente, y no sobre la razón consciente, lo que explica su enorme poder de seducción, socialización y control cultural. Las experiencias mediáticas no pueden entenderse si se ignora el papel central de las emociones:
«Las pantallas se comunican sobre todo con el cuerpo, no con la mente»¹.
Ferrés sostiene que la interacción con pantallas genera una intensa actividad mental no consciente, que condiciona creencias, decisiones y conductas, aun cuando el receptor crea estar actuando racionalmente.
2. Crítica al racionalismo occidental y cambio de paradigma
El autor realiza una crítica histórica al predominio del paradigma racionalista en Occidente, que ha marginado sistemáticamente las emociones en la comprensión del pensamiento humano. Este paradigma queda cuestionado por los avances de la neurociencia desde los años noventa:
«No más del 5 % de la actividad mental se desarrolla de manera consciente»².
La llamada década del cerebro demuestra que razón y emoción no son opuestas, sino interdependientes, y que la emoción es condición de posibilidad del pensamiento eficaz:
«La razón sin emoción es impotente»³.
3. El “laberinto sumergido”: inconsciente emocional y decisiones
Ferrés utiliza la metáfora del iceberg y del laberinto para explicar que la mayor parte de los procesos mentales ocurre bajo el umbral de la conciencia. Experimentos neurocientíficos muestran que:
- Las decisiones se toman antes de ser conscientes.
- El inconsciente emocional orienta la razón deliberativa.
«El inconsciente influye en lo que pensamos, y más allá de lo que pensamos, aunque no es esto lo que pensamos sobre el inconsciente»⁴.
Así, el sujeto no decide primero racionalmente y luego emocionalmente, sino al revés.
4. Emociones como energía movilizadora
El sistema límbico funciona como una “central energética” que moviliza la acción humana. Sin emoción no hay decisión ni compromiso:
«No hay acción humana sin una emoción que la funde como tal y la haga posible como acto»⁵.
Los casos clínicos de Phineas Gage y Elliot muestran que la ausencia de emoción no conduce a mayor racionalidad, sino a la imposibilidad de decidir y de vivir éticamente.
5. Doble vía de decisión: automatismos y deliberación
Basándose en LeDoux y Kahneman, el autor distingue dos circuitos:
- Circuito de los automatismos (Sistema 1): rápido, emocional, inconsciente.
- Circuito deliberativo (Sistema 2): lento, reflexivo, dependiente de la emoción.
Pero advierte que ambos circuitos están mediados por emociones:
«Las decisiones —todas las decisiones— son emocionales»⁶.
Por ello, la llamada “vía racional” nunca es emocionalmente neutra.
6. Pantallas, emociones y poder
Las pantallas son instrumentos privilegiados de poder porque activan emociones primarias (miedo, deseo, odio, pertenencia) antes de que intervenga el pensamiento crítico:
«Quien es capaz de gestionar las emociones de los demás tiene poder sobre ellos»⁷.
Este principio explica el papel central del neuromarketing, la propaganda política y los discursos mediáticos contemporáneos.
7. Convergencia emocional y cultura digital
En la cultura de la convergencia (multimedia, redes sociales, prosumidores), la eficacia comunicativa depende de la convergencia emocional, no solo técnica:
«La suma de códigos solo funciona cuando hay convergencia emocional; si no, la suma resta»⁸.
La integración de imagen, sonido y relato solo potencia el aprendizaje y la memoria cuando todos forman parte de una experiencia emocional unificada.
8. Educación mediática: de lo cognitivo a lo emocional
Ferrés sostiene que la educación mediática fracasa cuando se limita al análisis racional y olvida la dimensión emocional del receptor:
«No suele considerarse necesario pensar sobre el sentir. Y mucho menos gestionar el sentir»⁹.
La competencia mediática auténtica exige competencia emocional: identificar, evaluar y gestionar las emociones que los mensajes provocan.
9. Propuesta metodológica y manifiesto final
El libro culmina con una propuesta para el análisis audiovisua,l que incluye:
- Radiografía emocional del receptor
- Radiografía de la obra
- Diagnóstico de efectos emocionales y cognitivos
- Autocrítica del propio posicionamiento emocional
La tesis final es clara:
«La gestión de las emociones es el requisito imprescindible para interaccionar de manera autónoma y crítica con las pantallas»¹⁰.
Notas al pie (Chicago‑Deusto)
- Joan Ferrés i Prats, Las pantallas y el cerebro emocional (Barcelona: Gedisa, 2014), 14.
- Eduardo Punset, citado en Ferrés, Las pantallas y el cerebro emocional, 18.
- Jonah Lehrer, citado en Ferrés, Las pantallas y el cerebro emocional, 24.
- Joan Ferrés i Prats, Las pantallas y el cerebro emocional, 35.
- Humberto Maturana, citado en Ferrés, Las pantallas y el cerebro emocional, 31.
- Dylan Evans, citado en Ferrés, Las pantallas y el cerebro emocional, 37.
- Joan Ferrés i Prats, Las pantallas y el cerebro emocional, 25.
- Joan Ferrés i Prats, Las pantallas y el cerebro emocional, 78.
- Joan Ferrés i Prats, Las pantallas y el cerebro emocional, 15.
- Joan Ferrés i Prats, Las pantallas y el cerebro emocional, 29.
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