"O movimento centrípeto que caracterizava a missão do Antigo Israel permanece, visto que a igreja também deve ser uma comunidade fascinante que atrai as nações para Deus por meio do exemplo exuberante de sua própria vida. Porém, há nesse ajuntamento um novo elemento centrífugo: o povo de Deus agora é enviado para viver entre as nações." (Goheen, Michael W. A Igreja Missional na Bíblia, 236).
LA MISIÓN REDENTORA DEL PUEBLO DE DIOS
"Son muchos los que se han preguntado por qué Dios escogió al pueblo de Israel para que fuera su pueblo especial a lo largo de la historia. ¿Los amaba más Dios? ¿Quería El bendecirlos y olvidarse de las demás naciones del mundo? Ellos fueron un pueblo obstinado, lento para guardar las leyes de Dios. ¿Por qué se comprometió tanto con un solo pueblo, con una sola nación?
El Señor favoreció al pueblo judío en parte por la fe de Abraham, su primer patriarca. Pero lo más importante es que El escogió a los israelitas para que fueran participantes especiales en su plan para redimir a todo el género humano.
1. La promesa intercultural en el pacto abrahámico. Dios había prometido bendecir a Abram haciendo de él una nación grande: "Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra" (Génesis 12:3).
Con las promesas que le hizo a Abram, Dios comenzó un nuevo capítulo en la historia de la humanidad. El plan de Dios para redimir al género humano, así a individuos como a naciones, no había cambiado. Lo que hizo fue comenzar un nuevo método. El se identificaría de un modo especial con el pueblo de una nación específica. Promovería su crecimiento, determinaría su sistema social y político, y los protegería y libraría de sus enemigos. Llegaría a ser conocido como el Dios de Israel. Todo esto era parte de la promesa que Dios le había hecho a Abram, ahora conocido como Abraham. Israel llegó a ser una gran nación no porque Abraham fuera su padre, sino porque el único Dios verdadero escogió ser identificado personalmente con el pueblo judío. Fue basado en la identificación personal que Dios tenía con Israel que Moisés tuvo éxito al suplicar a Dios que no destruyese a la nación entera cuando Israel pecó al pie del monte Sinaí (Exodo 32:11-14). Dios se había identificado con Israel a fin de revelarse al mundo". (Larry Pate. Misionología: Nuestro Cometido Transcultural. Miami: VIDA, 1987), 10, 11.
"En tanto que Jesucristo fue el cumplimiento final directo de la promesa divina, Dios quiso usar su relación especial con Israel para revelar su naturaleza al mundo. Gracias al trato de Dios con Israel, el género humano pudo vislumbrar la gloria del amor de Dios, así como de su poder, su paciencia, su juicio y su justicia. Aquella fue una oportunidad para que los hombres pudieran recibir normas y principios para vivir correctamente. Las leyes que Dios le dio a Israel han llegado a ser en la actualidad la base de las leyes de muchas naciones de la tierra. Durante siglos sus principios han guiado a los hombres hacia una justa relación con Dios y con los hombres.
En Gálatas 3:8, Pablo escribió: "La Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones." Dios le dio a Abraham tres promesas personales específicas:
1. "Haré de ti una nación grande"
2. "Te bendeciré"
3. "Engrandeceré tu nombre" (Génesis 12:2).
Entonces Dios hizo una pausa, para dar una cláusula final: "Y [de modo que] serás bendición". A nadie le permite Dios que simplemente gaste en sí mismo las bendiciones o promesas divinas. Una gran bendición exige una gran responsabilidad. Dios bendijo a Abraham a fin de bendecir a otros". (Larry Pate. Misionología: Nuestro Cometido Transcultural. Miami: VIDA, 1987), 11.
"Al intervenir en los asuntos de la humanidad a través del linaje de Abraham, Dios mostraba renuencia a mirar con los brazos cruzados la continua degeneración de la raza humana. No permitiría que el hombre se destruyera a sí mismo sin esperanza ni conocimiento de su Creador. Dios llamó a Abraham y a la nación de Israel con el fin de salvar a todo el género humano, no solamente a una nación". (Larry Pate. Misionología: Nuestro Cometido Transcultural. Miami: VIDA, 1987), 13.
"Dios le dio a Israel tres promesas específicas. Ellos llegarían a ser su especial tesoro, llegarían a ser un reino de sacerdotes, y gente (una nación) santa.
Especial tesoro. La palabra hebrea traducida "tesoro" tiene el sentido de "artículos especiales que uno protege y guarda, como las joyas". Dios indicaba el alto valor que le daba a su pueblo. El hecho de guardar su pacto haría que los israelitas fueran como joyas preciosas de Dios para que él, que las poseía, las exhibiese a todos (Malaquías 3:17 y Daniel 12:3).
Un reino de sacerdotes. Si Israel guardaba el pacto de Dios, llegaría a ser también un reino de sacerdotes para Dios. A fin de entender el cuadro que Dios pintaba, debemos preguntarnos: ¿Para qué servían los sacerdotes en el Antiguo Testamento? Su función principal era actuar como mediadores entre Dios y los hombres. Pero ¿cómo es que Dios estaba declarando aquí que tenía por objeto hacer de Israel una nación entera de sacerdotes? Si todos los ciudadanos de Israel habían de desempeñar la función de sacerdotes, ¿por quiénes mediarían entonces? ¿Ante quiénes serían representantes de Dios?
Encontramos la respuesta en la promesa que Dios le hizo a Abraham: "En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra" (Génesis 22:18 y 18:18). ¡Dios se proponía que Israel llegara a ser una nación de sacerdotes para las otras naciones!
c. Una nación santa. La palabra "santo" quiere decir "separado, especialmente justo". No significa separado en el sentido de "segregado" o "intocable". Tiene el sentido de haber sido apartado para un propósito específico. Ese nuevo pacto de Dios era un llamamiento a Israel para que fuera apartado, escogido de un modo especial, para los propósitos de Dios.
Israel había de ser santo en dos sentidos:
1) debía dedicarse a adorar al único Dios verdadero en una singular devoción a El. Israel debía imitar la justicia de Dios mediante una limpia observancia de sus leyes y decretos.
2) Israel llegaría a ser también el agente de Dios en su trato con las naciones pecadoras. Al establecer una correcta relación vertical con Dios, Israel sería un brillante ejemplo para las demás naciones.
Las formas impías de adoración pagana — como la prostitución al servicio de los templos y el sacrificio de niños - contrastarían agudamente con un Israel iluminado con la gloria, la justicia y la presencia de Jehová Dios. El se proponía que Israel se distinguiera entre las naciones como una joya preciosa. ¡Dios quería que la hermosura de la santidad de Israel atrajera al resto de las naciones hacia El! El hecho de guardar las leyes y el pacto de Dios haría que la sociedad israelita pareciera una utopía, en contraste con el pecado, la codicia y la degradación de otras sociedades.
¡Así era cómo Israel debía llegar a ser una nación de sacerdotes! (Larry Pate. Misionología: Nuestro Cometido Transcultural. Miami: VIDA, 1987), 14.
"Dios quería que su pueblo llegara a ser un ejemplo viviente del poder y la gracia de Dios para las naciones, las cuales serían llamadas a la justicia de Dios por la mediación del sacerdocio de Israel.
La ley de Dios tenía provisiones para el desempeño de la función a que El había llamado a Israel. Los extranjeros que había entre ellos debían ser tratados con benevolencia y amor (Levítico 19:33, 34). Los judíos debían demostrar hospitalidad hacia los extranjeros, recordando que ellos también habían sido extranjeros en tierra extraña. de donde fueron redimidos por Dios (Deuteronomio 10:19; Exodo 22:21: 23:9).
Había solamente dos requisitos para que un extranjero pudiera incorporarse a la sociedad israelita: los varones tenían que ser circuncidados y tenían que guardar la ley y ponerla por obra. Más tarde, los dirigentes judíos añadieron a estos requisitos los ritos del bautismo y del sacrificio de animales.' Pero el entrar en la congregación de Israel — o hacerse "prosélito", como se lo vino a llamar más tarde - le confería al nuevo miembro una plena participación en el pacto de Dios. Si un judío poseía un esclavo y este se convertía al judaísmo, quedaba en libertad. A los judíos no se les permitía tener esclavos judíos. Los extranjeros que se hacían judíos recibían muchos otros beneficios también. Había muchas cosas en la ley de los israelitas que resultaban atractivas para los pueblos de otras naciones.
Dios llamó a Israel para que mostrase el poder, la gloria, el amor y la compasión de Dios a las naciones. Igual que Abraham, toda la nación fue llamada a tener una relación especial y santa con Dios. La presencia de Dios en Israel debía hacer santo a Israel como un reflejo de la propia santidad de Dios. La sociedad justa resultante, junto con el poder de Dios que obraba en favor de Israel, actuarían como un poderoso imán para atraer a las naciones a Dios. La ley del nuevo pacto de Dios estimulaba la conversión de los hijos de otras naciones.
Israel tenía un llamamiento sacerdotal para ministrar a las naciones. Cuando los habitantes de otras naciones prestaban oídos, eran recibidos en la congregación del pueblo de Dios. Si rechazaban los mandatos de Dios, El hacía uso de Israel para destruirlos, como hizo con los cananeos (Deuteronomio capítulos 6-8). Israel había de ser el principal instrumento de Dios para alcanzar a todos los pueblos de la tierra". (Larry Pate. Misionología: Nuestro Cometido Transcultural. Miami: VIDA, 1987), 14.
La clave del éxito de Israel... "La obediencia ha sido siempre el factor clave para alcanzar las promesas de Dios.
Fue la constante obediencia de Abraham a los mandatos de Dios lo que abrió las puertas de la ininterrumpida bendición y revelación de Dios". (Larry Pate. Misionología: Nuestro Cometido Transcultural. Miami: VIDA, 1987), 16.
"La fe es la conformidad con la voluntad de Dios. La obediencia es la voluntaria respuesta de la fe. Es la prueba de la fe (Santiago 2:20). Es la prueba de conformar el hombre su voluntad con la voluntad de Dios. La obediencia es la fe en acción. Así como es imposible agradar a Dios sin fe, es imposible agradar a Dios sin obediencia (Hebreos 11:6; Deuteronomio 6:24, 25). Es por esto que el cumplimiento de las promesas de Dios depende siempre de la respuesta obediente y llena de fe del hombre". (Larry Pate. Misionología: Nuestro Cometido Transcultural. Miami: VIDA, 1987), 16.
"La desobediencia es una forma de egoísmo, y los judíos concentraron más y más su atención en sí mismos al buscar a los falsos dioses de las naciones que estaban a su alrededor. Pasaron siglos enteros procurando alcanzar las promesas de Dios, pero prestaron poca atención a la responsabilidad que habían recibido de Dios en el sentido de que alcanzaran a las naciones". (Larry Pate. Misionología: Nuestro Cometido Transcultural. Miami: VIDA, 1987), 18.
"Ni las naciones ni los individuos pueden amontonar continuamente sobre sí mismos las bendiciones y la misericordia de Dios y olvidar las responsabilidades concomitantes de esas bendiciones.
Hacerlo así pervertirá su manera de pensar. Con el tiempo los judíos empezaron a mirarse a sí mismos como personas muy especiales para Dios por derecho propio. Olvidaron que Dios los había redimido sacándolos de Egipto, y los había llamado a ser una nación para sus propósitos divinos. Se olvidaron de cumplir el llamamiento de Dios para el servicio. A la postre, llegaron a creer que Dios los amaba simplemente porque eran judíos! En su opinión, el ser judíos era la condición más inmediata a la santidad en la tierra. Si alguno quería agradar a Dios, tenía que hacerlo por medio de la ley judaica, conforme a las formas de adoración judaicas, y en la lengua hebrea.
No reconocían el egoísmo, la codicia y las formas impías de su propia cultura. Creían que ellos eran el único pueblo que agradaba a Dios y, por consiguiente, que su forma de vida era la única correcta.
Ese concepto tan torcido los llevó a tener un gran prejuicio contra los pueblos no judíos. Tenían una gran predisposición racial y cultural. Pervirtieron la ley que Dios le dio a Moisés. A los judíos no se les permitía tocar a personas no judías. No se les permitía siquiera estar en la misma pieza en que los gentiles estuvieran comiendo. Los judíos llegaron a creerse superiores en todo sentido a los gentiles.
Resultaba casi imposible que los judíos imaginaran que Dios podía recibir a los gentiles sin convertirlos primero al judaísmo. Este fuerte prejuicio cultural no desapareció cuando nació la Iglesia según el relato del libro de los Hechos. Aun después que se establecieron: iglesias por todo el Asia Menor, Pablo creyó necesario explicar a los creyentes judíos de la iglesia de Efeso el "misterio de Cristo" (Efesios 3:4).
'Habéis oído de la administración de la gracia de Dios que me fue dada para con vosotros; que por la revelación me fue declarado el misterio, como antes lo he escrito brevemente, leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo, misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu: que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio. Efesios 3:2-6 (cursivas del autor)
Este pasaje tuvo que haber producido un considerable impacto a los creyentes judíos que todavía persistían en la vieja actitud de la superioridad judaica. Pablo aborda directamente ese sentir de los judíos declarando que tanto los judíos como los gentiles participan por igual en la recepción de la gracia de Dios por medio de Jesucristo.
Y lo que es más importante, Pablo vincula directamente el Pacto Abrahámico, que es el fundamento de la nacionalidad judía, con los gentiles. Los gentiles eran también "coherederos (con Israel) ... de la promesa..." Esta es una referencia directa a las promesas del pacto dadas a Abraham. Pablo declaró que el centro de la actuación de Dios había sido reubicado. Había sido traspasado de Israel a un nuevo pueblo creado en Cristo Jesús, tanto de los judíos como de los gentiles". (Larry Pate. Misionología: Nuestro Cometido Transcultural. Miami: VIDA, 1987), 18, 19.
"La Iglesia ha sido comisionada para derribar las fortalezas del reino terrenal de Satanás, proclamando a todo gobernador y a todos los que viven bajo su dominio "la multiforme sabiduría de Dios", el evangelio puro y sencillo, las buenas nuevas de que todos los pueblos pueden unirse en la Iglesia de Cristo. La Iglesia ha reemplazado a Israel como instrumento de Dios para traer a las naciones a sí mismo". (Larry Pate. Misionología: Nuestro Cometido Transcultural. Miami: VIDA, 1987), 20.
"Misión centrípeta-centrifuga. Existe una diferencia muy importante entre los métodos que Dios le dio a Israel y los que le dio a la Iglesia para que cumpliesen su respectiva misión. Israel, como se ve en el Pacto Mosaico, había de servir como un imán espiritual para atraer los de otras naciones a Dios. Los hijos de Israel habían de servir como sacerdotes santos a Dios, revelándolo [a El] a las naciones y sirviendo como mediadores para traer a otros pueblos a Dios. La naturaleza de su misión era centrípeta.
Debían atraer a los habitantes de otras naciones a su propia nación y a la obediencia a las leyes de Dios. Su eficiencia en hacer esto estaba directamente relacionada con su propia obediencia como pueblo de Dios". (Larry Pate. Misionología: Nuestro Cometido Transcultural. Miami: VIDA, 1987), 20.
"La Iglesia también tiene un llamamiento al ministerio sacerdotal (2 Corintios 5:16-19; 1 Pedro 2:9, 10). Pero la naturaleza de su ministerio es centrífuga. A diferencia de Israel, a la Iglesia no se le requiere que esté quieta y atraiga a otros pueblos a su propia cultura y nacionalidad. Se le requiere que salga y vaya a los pueblos de la tierra y gane a los hombres para la causa de Cristo allí donde están. Después de ganar a los hombres para Cristo, ellos deben formar extensiones de la Iglesia en medio de su propio pueblo.
Luego ellos mismos han de llevar a cabo misiones centrífugas, "que vayan" (Mateo 28:19; Hechos 1:8). Antes que Jesucristo ascendiera al cielo, les dijo a sus discípulos que le serían testigos en Jerusalén, en Judea, en Samaria y en los lugares más distantes de la tierra. Esta es una perfecta descripción de la naturaleza centrifuga de la misión de la Iglesia. La Iglesia no debe esperar nunca que los inconversos vengan a ella. Debe salir de continuo a los inconversos en círculos de influencia cada vez más amplios". (Larry Pate. Misionología: Nuestro Cometido Transcultural. Miami: VIDA, 1987), 21.
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