viernes, 14 de agosto de 2026

La misión y el ministerio de Cristo

Un ensayo exegético-teológico

Introducción

Mateo 9:35-38 constituye una de las perícopas más significativas del Evangelio de Mateo para la comprensión de la misión cristiana. El pasaje resume el ministerio público de Jesús en Galilea y sirve como transición hacia el discurso misionero de Mateo 10. En él convergen tres aspectos fundamentales del ministerio mesiánico: la enseñanza, la proclamación del reino y la restauración humana. Asimismo, la sección revela la motivación profunda de la misión divina: la compasión de Cristo por una humanidad espiritualmente desorientada. La imagen de las ovejas sin pastor y la metáfora de la mies abundante proporcionan el fundamento teológico para el envío de los discípulos. Este ensayo explora el contexto literario, histórico y teológico de Mateo 9:35-38, incorporando aportes de comentaristas bíblicos y reflexiones de Elena G. de White.


El contexto literario de Mateo 9:35-38

Desde una perspectiva literaria, Mateo 9:35 constituye un sumario que cierra una importante unidad narrativa iniciada en Mateo 4:23. Ambos textos son prácticamente paralelos y describen a Jesús recorriendo Galilea, enseñando en las sinagogas, predicando el evangelio del reino y sanando toda enfermedad.^1 Esta repetición no es accidental. Mateo utiliza la técnica de la inclusión para encerrar el Sermón del Monte (Mt 5-7) y la colección de milagros de los capítulos 8 y 9, mostrando que las enseñanzas y los actos poderosos de Jesús constituyen manifestaciones complementarias de su autoridad mesiánica.^2

Donald A. Hagner observa que Mateo 9:35 funciona como una bisagra literaria que conecta el ministerio de Jesús con el envío de los Doce en el capítulo siguiente.^3 Antes de la misión de los discípulos, el evangelista presenta a Cristo como el modelo perfecto de ministerio. Así, la actividad apostólica de Mateo 10 aparece como una extensión de la obra previamente desarrollada por el Maestro.

La progresión narrativa es particularmente significativa. Jesús primero ve las multitudes (9:36), luego se compadece de ellas, posteriormente diagnostica el problema espiritual y finalmente ordena a sus discípulos orar por obreros. Esta secuencia muestra que la misión nace de una percepción adecuada de la realidad humana y de una respuesta compasiva inspirada por Dios.^4


El contexto histórico

El ministerio descrito en Mateo 9:35-38 se desarrolla en la región de Galilea durante el gobierno de Herodes Antipas (4 a.C.-39 d.C.). Galilea estaba compuesta por numerosas aldeas agrícolas y algunos centros urbanos relativamente importantes, como Séforis, Capernaúm y Tiberias. Aunque la región poseía una identidad profundamente judía, también experimentaba la influencia cultural helenística y la presión política romana.^5

La referencia a las sinagogas refleja una importante institución religiosa del judaísmo del Segundo Templo. Las sinagogas servían como centros de lectura de las Escrituras, instrucción religiosa y vida comunitaria. A diferencia del templo de Jerusalén, permitían una interacción directa entre maestros y oyentes. Jesús aprovechó estos espacios para enseñar e interpretar las Escrituras desde una perspectiva mesiánica.^6

Particular relevancia posee la expresión “como ovejas que no tienen pastor” (Mt 9:36). En el Antiguo Testamento, la metáfora del pastor se utilizaba frecuentemente para describir a los líderes del pueblo de Dios. Moisés oró para que Israel no quedara “como ovejas sin pastor” (Nm 27:17), mientras que Ezequiel denunció a los dirigentes de Israel por haber abandonado al rebaño (Ez 34:1-10). Mateo utiliza conscientemente este trasfondo para presentar a Jesús como el verdadero Pastor prometido por Dios frente al fracaso espiritual de las autoridades religiosas judías.^7


El ministerio integral del Reino

El versículo 35 resume la misión de Jesús mediante tres participios: enseñando, predicando y sanando. Estos elementos constituyen una descripción integral del ministerio mesiánico.

La enseñanza ocupaba un lugar central porque el reino exigía una renovación de la comprensión religiosa del pueblo. Jesús no se limitaba a repetir tradiciones establecidas, sino que enseñaba con autoridad propia (Mt 7:29).^8

La predicación del evangelio del reino se refería al anuncio de la irrupción del gobierno divino en la historia humana. Según George Eldon Ladd, el reino de Dios debe entenderse principalmente como la manifestación dinámica del gobierno soberano de Dios más que como un territorio geográfico.^9 La proclamación de Jesús anunciaba que las promesas mesiánicas habían comenzado a cumplirse en su ministerio.

La sanidad constituía la evidencia visible de esa realidad espiritual. Craig Blomberg señala que los milagros no eran simplemente demostraciones de poder sobrenatural, sino señales que confirmaban la presencia del reino prometido por los profetas.^10 Los actos de sanación indicaban que Dios estaba restaurando los efectos del pecado y anticipaban la renovación final de la creación.


La compasión como fundamento de la misión

El tema central de la perícopa aparece en Mateo 9:36. Al contemplar las multitudes, Jesús “tuvo compasión” de ellas. El verbo griego esplagchnísthē expresa una emoción intensa y profunda vinculada al amor misericordioso de Dios.^11 No describe una simpatía superficial, sino una reacción que surge desde lo más íntimo del ser.

R. T. France sostiene que este término constituye una de las expresiones más fuertes del amor divino en los Evangelios.^12 Jesús no observa simplemente una multitud numerosa; percibe seres humanos agotados, abandonados y espiritualmente desorientados.

Esta compasión se convierte en el fundamento de toda actividad misionera. La misión no nace de estrategias institucionales ni de intereses eclesiásticos, sino de la sensibilidad hacia la condición humana. El ministerio auténtico comienza cuando la iglesia aprende a ver a las personas como Cristo las ve.

Elena G. de White desarrolla esta misma idea al afirmar:

“Sólo el método de Cristo será el que dará éxito para llegar al pueblo. El Salvador trataba con los hombres como quien deseaba hacerles bien. Les demostraba simpatía, atendía a sus necesidades y se ganaba su confianza. Entonces les decía: ‘Seguidme’”.^13

Para White, la compasión constituye el punto de partida de toda misión efectiva. El ejemplo de Cristo revela que la proclamación del evangelio debe estar acompañada por actos concretos de servicio y restauración.


La mies abundante y los pocos obreros

La metáfora agrícola de los versículos 37 y 38 introduce una perspectiva escatológica. La “mies” simboliza a las personas preparadas para responder al llamado del reino de Dios.^14 Jesús declara que la cosecha es abundante, pero que los obreros son insuficientes para la magnitud de la tarea.

Resulta significativo que la primera respuesta propuesta por Cristo no sea la actividad inmediata, sino la oración. Los discípulos deben rogar al “Señor de la mies” que envíe trabajadores a su campo. El reino pertenece a Dios y la misión se desarrolla bajo su dirección soberana.^15

Elena G. de White relaciona este pasaje con la responsabilidad continua de la iglesia:

“En la obra del evangelio, la enseñanza y la curación nunca deben separarse”.^16

Esta observación conecta directamente con Mateo 9:35 y demuestra que la misión cristiana debe reflejar el modelo integral desarrollado por Jesús.


Conclusión

Mateo 9:35-38 presenta una síntesis magistral de la misión de Cristo y del fundamento de la misión de la iglesia. Literariamente, el pasaje concluye una importante sección del Evangelio y prepara el discurso misionero del capítulo 10. Históricamente, refleja la realidad religiosa de Galilea y la crisis de liderazgo espiritual que afectaba al pueblo judío. Teológicamente, revela que el reino de Dios se manifiesta mediante la enseñanza, la proclamación y la restauración integral de la humanidad.

El núcleo del texto se encuentra en la compasión de Cristo. Al contemplar a una humanidad desorientada, Jesús responde con misericordia y llama a sus seguidores a participar en la cosecha divina. La misión nace del corazón compasivo de Dios, se sostiene mediante la oración y se expresa a través de un ministerio integral que atiende las necesidades espirituales, físicas y sociales del ser humano. En consecuencia, Mateo 9:35-38 continúa proporcionando un paradigma fundamental para la comprensión cristiana de la misión en todos los tiempos.


Notas al pie

  1. R. T. France, The Gospel of Matthew (Grand Rapids, MI: William B. Eerdmans Publishing Company, 2007), 381-382.

  2. Craig S. Keener, A Commentary on the Gospel of Matthew (Grand Rapids, MI: William B. Eerdmans Publishing Company, 1999), 321-323.

  3. Donald A. Hagner, Matthew 1-13, Word Biblical Commentary 33A (Dallas, TX: Word Books, 1993), 270.

  4. D. A. Carson, “Matthew,” en The Expositor's Bible Commentary, rev. ed. (Grand Rapids, MI: Zondervan, 2010), 239.

  5. Joachim Jeremias, Jerusalem in the Time of Jesus (Philadelphia, PA: Fortress Press, 1969), 37-49.

  6. William Barclay, Comentario al Evangelio de Mateo, vol. 1 (Barcelona: CLIE, 1995), 352-355.

  7. Keener, A Commentary on the Gospel of Matthew, 324-325.

  8. Hagner, Matthew 1-13, 270-271.

  9. George Eldon Ladd, A Theology of the New Testament, rev. ed. (Grand Rapids, MI: William B. Eerdmans Publishing Company, 1993), 57-67.

  10. Craig L. Blomberg, Matthew, New American Commentary 22 (Nashville, TN: Broadman Press, 1992), 165-166.

  11. Frederick William Danker, ed., A Greek-English Lexicon of the New Testament and Other Early Christian Literature, 3.ª ed. (Chicago, IL: University of Chicago Press, 2000), 938.

  12. France, The Gospel of Matthew, 383-384.

  13. Elena G. de White, El ministerio de curación (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2008), 102.

  14. Carson, “Matthew,” 239-240.

  15. France, The Gospel of Matthew, 384-385.

  16. Elena G. de White, El ministerio de curación (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2008), 111.

miércoles, 12 de agosto de 2026

La operacionalización de la misión cristiana en una universidad confesional

Introducción

La misión cristiana constituye el eje identitario de toda universidad confesional. Sin embargo, la mera declaración doctrinal o institucional no garantiza que dicha misión se traduzca en prácticas concretas capaces de transformar la vida académica y espiritual de estudiantes, docentes y administradores. El desafío contemporáneo de las instituciones de educación superior cristianas consiste en operacionalizar la misión, es decir, convertir los principios teológicos y misionales en políticas, programas, actividades y procesos observables y evaluables. En este sentido, la operacionalización de la misión implica pasar de la formulación teórica de valores cristianos a la implementación sistemática de acciones institucionales coherentes con el propósito evangelizador y formativo de la universidad.

Desde la perspectiva de la misionología contemporánea, la misión no constituye simplemente una actividad de la iglesia, sino que surge del carácter mismo de Dios. David Bosch sostiene que la misión cristiana debe entenderse como participación en la missio Dei, es decir, en la acción redentora de Dios en el mundo.^1 Esta comprensión teológica tiene profundas implicaciones para las universidades confesionales, ya que las convierte en espacios de participación activa en el proyecto divino mediante la formación integral de sus estudiantes.

Fundamentos teológicos de la misión universitaria

La universidad confesional encuentra su fundamento en una cosmovisión bíblica que integra fe, conocimiento y servicio. Arthur Holmes afirma que la esencia de una institución cristiana de educación superior radica en la integración de la fe y el aprendizaje, evitando la fragmentación entre conocimiento académico y compromiso espiritual.^2 Desde esta perspectiva, la educación no constituye un fin en sí misma, sino un medio para desarrollar seres humanos capaces de pensar y actuar cristianamente en la sociedad.

Este enfoque coincide con la comprensión bíblica del discipulado. La Gran Comisión de Mateo 28:18-20 establece el mandato de hacer discípulos mediante la enseñanza y la formación integral. En consecuencia, la universidad confesional actúa como una extensión educativa de la misión de la iglesia, preparando profesionales que puedan reflejar los valores del Reino de Dios en sus respectivos campos de acción.^3

Asimismo, la educación cristiana debe orientarse hacia la transformación del carácter. Holmes argumenta que una auténtica educación cristiana procura formar personas íntegras, capaces de relacionar sus convicciones religiosas con todas las áreas del conocimiento y la vida.^4 Por tanto, la misión universitaria no se limita a la transmisión de información doctrinal, sino que busca producir una transformación integral de la persona.

La operacionalización de la misión como proceso institucional

La operacionalización implica traducir conceptos abstractos en variables observables y medibles. Aplicado a la educación confesional, significa convertir la misión institucional en prácticas concretas dentro de la gestión universitaria. Perry Glanzer y sus colaboradores sostienen que la identidad cristiana de una institución puede observarse mediante indicadores específicos relacionados con la misión, el currículo, las actividades cocurriculares, las políticas de contratación y la vida espiritual del campus.^5

En consecuencia, la misión cristiana puede operacionalizarse mediante diversas dimensiones institucionales. 

La primera corresponde a la dimensión curricular. Una universidad confesional debe promover la integración de la fe y el aprendizaje en todas las disciplinas académicas. Ello implica que los contenidos curriculares no permanezcan aislados de los principios cristianos, sino que dialoguen críticamente con ellos.^6

La segunda dimensión es la formación espiritual. Los programas de capellanía, cultos, grupos pequeños, semanas de oración y proyectos de discipulado constituyen mecanismos concretos mediante los cuales la institución fortalece la experiencia religiosa de los estudiantes. Estas actividades permiten que la misión trascienda el aula y se convierta en una experiencia vivencial.

La tercera dimensión corresponde al servicio y la extensión comunitaria. Bosch señala que la misión incluye tanto la proclamación del evangelio como el compromiso con las necesidades humanas y sociales.^7 Por ello, una universidad confesional operacionaliza su misión cuando involucra a sus estudiantes en proyectos de servicio comunitario, programas de desarrollo social, iniciativas de salud, educación, evangelización y misión transcultural.

Indicadores de una misión cristiana operacionalizada

Una universidad confesional puede evaluar la efectividad de su misión mediante indicadores específicos. Entre ellos destacan la participación de los estudiantes en actividades espirituales, el involucramiento en programas misioneros, el desarrollo de una cosmovisión cristiana integrada y el compromiso con el servicio comunitario.^8

Además, la misión institucional debe reflejarse en la cultura organizacional. La contratación de docentes comprometidos con los valores institucionales, la existencia de políticas coherentes con la identidad cristiana y la presencia de liderazgos espirituales visibles constituyen indicadores relevantes de operacionalización misional.^9

Otro indicador importante es el sentido de pertenencia institucional. Diversos estudios sobre educación superior cristiana han mostrado que los estudiantes desarrollan mayores niveles de compromiso espiritual y servicio cuando perciben coherencia entre el discurso institucional y las prácticas reales de la universidad.^10 Esta coherencia fortalece la credibilidad de la misión y favorece la formación de discípulos comprometidos.

Desafíos contemporáneos

La operacionalización de la misión enfrenta importantes desafíos en el contexto contemporáneo. Uno de ellos es la secularización de la educación superior. Muchas instituciones confesionales han experimentado procesos de debilitamiento de su identidad religiosa debido a presiones culturales, normativas y académicas.^11

Un segundo desafío consiste en evitar que la misión se reduzca a actividades religiosas aisladas. Cuando la misión se limita a cultos o programas espirituales extracurriculares, pierde su potencial transformador sobre el conjunto de la experiencia educativa. La integración plena de la misión exige que todas las áreas institucionales contribuyan al propósito formativo cristiano.

Finalmente, existe el desafío de la evaluación. Las universidades necesitan desarrollar sistemas de medición que permitan valorar objetivamente el impacto de sus programas espirituales y misioneros. La utilización de indicadores relacionados con el discipulado, el sentido de pertenencia, el compromiso misionero y el servicio comunitario puede contribuir significativamente a este propósito.^12

Conclusión

La operacionalización de la misión cristiana en una universidad confesional constituye un proceso estratégico mediante el cual los principios teológicos se transforman en prácticas institucionales observables y evaluables. Fundamentada en la missio Dei y en la integración de la fe y el aprendizaje, la universidad cristiana está llamada a formar discípulos comprometidos con Dios, la iglesia y la sociedad. La operacionalización efectiva de la misión requiere la articulación de dimensiones curriculares, espirituales, comunitarias y administrativas que permitan expresar la identidad cristiana de manera coherente e integral. De esta forma, la universidad confesional trasciende el papel de una simple institución educativa para convertirse en un agente activo de transformación espiritual, intelectual y social a nivel local, nacional e internacional.


Notas al pie (Chicago-Deusto)

  1. David J. Bosch, Transforming Mission: Paradigm Shifts in Theology of Mission (Maryknoll, NY: Orbis Books, 2011), 390-393. [books.google.com]

  2. Arthur F. Holmes, The Idea of a Christian College (Grand Rapids, MI: Wm. B. Eerdmans Publishing Company, 1987), 6-9. [books.google.com][eerdmans.com]

  3. David J. Bosch, Transforming Mission, 56-58. [books.google.com]

  4. Arthur F. Holmes, The Idea of a Christian College, 45-52. [books.google.com][eerdmans.com]

  5. Perry L. Glanzer, Theodore F. Cockle y Jessica Martin, Christian Higher Education: An Empirical Guide (Abilene, TX: ACU Press, 2023), 3-7. [books.google.com][store.acup...sbooks.com]

  6. Arthur F. Holmes, The Idea of a Christian College, 47-55. [books.google.com][eerdmans.com]

  7. David J. Bosch, Transforming Mission, 399-420. [books.google.com]

  8. Perry L. Glanzer, Theodore F. Cockle y Jessica Martin, Christian Higher Education: An Empirical Guide, 8-15. [books.google.com][store.acup...sbooks.com]

  9. Perry L. Glanzer, Theodore F. Cockle y Jessica Martin, Christian Higher Education: An Empirical Guide, 20-33. [books.google.com][store.acup...sbooks.com]

  10. David Dockery, “Educational Integrity: The Integration of Faith and Learning,” Integration: A Journal of Faith and Learning 1 (2024): 1-5. [iace.education]

  11. Arthur F. Holmes, The Idea of a Christian College, 22-30. [books.google.com][eerdmans.com]

  12. Perry L. Glanzer, Theodore F. Cockle y Jessica Martin, Christian Higher Education: An Empirical Guide, 145-160. [books.google.com][store.acup...sbooks.com]

Bibliografía

Bosch, David J. Transforming Mission: Paradigm Shifts in Theology of Mission. Maryknoll, NY: Orbis Books, 2011.

Dockery, David S., y Nathan A. Finn. “Educational Integrity: The Integration of Faith and Learning.” Integration: A Journal of Faith and Learning 1 (2024): 1-22.

Glanzer, Perry L., Theodore F. Cockle y Jessica Martin. Christian Higher Education: An Empirical Guide. Abilene, TX: ACU Press, 2023.

Holmes, Arthur F. The Idea of a Christian College. Grand Rapids, MI: Wm. B. Eerdmans Publishing Company, 1987.

sábado, 1 de agosto de 2026

El PUH como principio estratégico de evangelización

El principal error de muchos análisis contemporáneos es confundir un principio estratégico de evangelización con una meta eclesiológica final.

1. El Principio de Unidades Homogéneas: ¿qué propuso realmente McGavran?

Donald McGavran observó que las personas suelen tomar decisiones religiosas dentro de redes sociales preexistentes (familia, clan, tribu, etnia, lengua o clase social). Por ello formuló el conocido principio según el cual las personas tienden a aceptar el evangelio "sin cruzar barreras innecesarias" de cultura, lengua o estatus social

La intención original del PUH no era promover segregación racial ni supremacismo cultural. Su propósito era metodológico: facilitar que el evangelio penetrara profundamente dentro de una comunidad antes de exigir transformaciones sociales que pudieran convertirse en obstáculos para la recepción inicial del mensaje.²

En otras palabras, McGavran distinguía implícitamente entre:

La comunicación del evangelio (que debe ser contextualizada).
Las implicaciones del evangelio (que eventualmente transforman las relaciones humanas).

Esta distinción resulta importante para interpretar adecuadamente el modelo paulino.

2. Pablo en Atenas y el principio de contextualización

Cuando Pablo llega al Areópago (Hechos 17:22-31), no predica como si estuviera en una sinagoga. Utiliza categorías comprensibles para los atenienses:
cita poetas griegos;
hace referencia al altar "al dios no conocido";
dialoga con categorías filosóficas estoicas y epicúreas.

Es decir, Pablo contextualiza profundamente el evangelio sin modificar su contenido esencial.

Lo interesante es que esta contextualización no elimina la universalidad del mensaje. Al contrario, el punto culminante del discurso es precisamente que Dios:
"ha hecho de una sangre todo el linaje de los hombres" (Hechos 17:26).

Pablo reconoce diferencias culturales, pero no acepta diferencias ontológicas
Aquí encontramos una de las intuiciones más valiosas de McGavran: el evangelio entra por canales culturales específicos, pero no termina encerrado dentro de ellos.

3. ¿Ha utilizado la Iglesia Adventista el PUH sin saberlo?

Históricamente, podría argumentarse que sí, aunque no siempre de manera consciente o sistemática.
La misión adventista temprana desarrolló varios mecanismos que se parecen notablemente a los principios defendidos posteriormente por McGavran:

3.1 Traducción y contextualización lingüística

Desde finales del siglo XIX la Iglesia Adventista produjo literatura, revistas, Biblias de estudio y materiales evangelísticos en cientos de idiomas.
La prioridad no era exportar una cultura norteamericana sino comunicar el evangelio en el lenguaje cultural de cada pueblo.

3.2 Formación de liderazgo local

Uno de los grandes éxitos de la misión adventista fue reemplazar progresivamente la dependencia de misioneros extranjeros por:

pastores autóctonos;
administradores nacionales;
evangelistas locales;
docentes nacionales.


Este proceso permitió que el adventismo echara raíces dentro de las culturas receptoras.

3.3 Instituciones contextualizadas

La red mundial de:

escuelas,
colegios,
universidades,
hospitales,
permitió contextualizar el adventismo en múltiples escenarios culturales sin fragmentar la identidad doctrinal.

4. La diferencia entre el modelo adventista y una aplicación extrema del PUH

Aquí encontramos un aspecto fascinante.

Algunas expresiones del Movimiento de Crecimiento de Iglesia terminaron privilegiando tanto la homogeneidad que produjeron congregaciones cada vez más segmentadas.
La experiencia adventista, en cambio, evolucionó en otra dirección.
La Iglesia Adventista desarrolló simultáneamente:
Unidad doctrinal global
Un adventista de: Bolivia, Corea, Kenia, Filipinas,

Comparte:
las mismas creencias fundamentales;
la misma comprensión profética;
la misma misión escatológica.

Diversidad cultural local
Al mismo tiempo, cada contexto expresa la fe mediante:
idiomas distintos;
tradiciones diferentes;
estilos musicales diversos;
estructuras culturales propias.

Esto ha generado algo relativamente raro en la historia del cristianismo: una organización mundial con fuerte cohesión doctrinal y considerable diversidad cultural.

5. ¿Qué pasos históricos fueron claves para generar esta "misceginación adventista"?

Podrían identificarse al menos siete procesos fundamentales.

5.1 Traducción sistemática de recursos
El adventismo comprendió tempranamente que el evangelio debía hablar el idioma de las personas.
No se trató sólo de traducir palabras.
También se tradujeron conceptos, ejemplos y aplicaciones culturales.

5.2 Desarrollo de liderazgo autóctono
La transición desde una iglesia dirigida por misioneros hacia una iglesia dirigida por líderes nacionales fue probablemente uno de los factores más importantes para el crecimiento mundial.

5.3 Sistema educativo internacional
Las instituciones educativas adventistas se convirtieron en espacios de encuentro intercultural.
Universidades como:
Andrews University,
Adventist University of Africa,
Universidad Adventista de Bolivia,

han fomentado la convivencia entre grupos étnicos, nacionales y sociales diversos.

5.4 Movilidad ministerial
La práctica de trasladar pastores y administradores entre regiones permitió desarrollar competencias interculturales y reducir provincialismos.

5.5 Misión transcultural global
El adventismo dejó de ser un movimiento principalmente occidental.
Hoy existen misioneros:
africanos en Europa;
asiáticos en África;
latinoamericanos en Asia;
europeos en Oceanía.

Esto ha ayudado a romper asociaciones entre evangelio y etnia.

5.6 Teología escatológica universal
Apocalipsis 14:6 presenta un mensaje destinado a: "toda nación, tribu, lengua y pueblo".
Este énfasis ha impedido que la identidad adventista se reduzca a una cultura particular.

5.7 Experiencia compartida de misión
Probablemente este sea el factor más importante.
La misión compartida produce una identidad transversal.
Personas muy diferentes aprenden a cooperar porque están comprometidas con un propósito superior.

6. ¿Cuál es la gran lección para la lucha contra el racismo?
La experiencia adventista sugiere que el camino más efectivo no consiste en elegir entre: diversidad cultural, o unidad cristiana.
La clave está en articular ambas.
El error del racismo es absolutizar la diferencia.
El error de ciertos universalismos abstractos es ignorarla.

La solución bíblica parece encontrarse en una tercera vía:
La diversidad es preservada, pero la identidad última se encuentra en Cristo.

Esto es precisamente lo que observamos en:Hechos 17 (una sola humanidad), Efesios 2 (un solo pueblo),
Apocalipsis 7 (muchas naciones, una misma adoración).

7. Un desafío pendiente para el adventismo

Si el siglo XX estuvo marcado por el desafío de alcanzar todas las culturas, el siglo XXI probablemente estará marcado por el desafío de integrar profundamente todas esas culturas.
Es decir, pasar de una realidad meramente multicultural a una auténtica interculturalidad.

La multiculturalidad permite coexistir.
La interculturalidad permite aprender mutuamente, compartir liderazgo, derribar prejuicios implícitos y reflejar mejor la visión escatológica del juicio y el retorno de Jesús.

En ese sentido, el mayor logro del adventismo quizá no sea haber llegado a casi todos los pueblos del mundo, sino haber demostrado que personas de múltiples etnias, idiomas y clases sociales pueden compartir una misma fe, una misma misión y una misma esperanza sin perder su identidad cultural. Allí radica, probablemente, una de las manifestaciones contemporáneas más visibles del principio paulino de que Dios hizo "de una sangre todo el linaje de los hombres".

REFERENCIAS

¹ Donald A. McGavran, Understanding Church Growth (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1970), 198-222.

² Donald A. McGavran y C. Peter Wagner, Understanding Church Growth, 3.ª ed. (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1990), 163-185.

³ Arthur F. Glasser et al., Announcing the Kingdom: The Story of God's Mission in the Bible (Grand Rapids, MI: Baker Academic, 2003), 281-295.

Paul G. Hiebert, Anthropological Insights for Missionaries (Grand Rapids, MI: Baker Book House, 1985), 188-207.

Dean Gilliland, ed., The Word Among Us: Contextualizing Theology for Mission Today (Dallas: Word Publishing, 1989), 35-57.

F. F. Bruce, The Book of the Acts, rev. ed. (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1988), 332-338.

Michael Green, Evangelism in the Early Church (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 2003), 135-151.

David J. Bosch, Transforming Mission: Paradigm Shifts in Theology of Mission (Maryknoll, NY: Orbis Books, 1991), 447-489.

George R. Knight, A Brief History of Seventh-day Adventists (Hagerstown, MD: Review and Herald, 1999), 113-142.

¹⁰ Russell Staples, Community of Faith: The Church in the New Millennium (Berrien Springs, MI: Andrews University Press, 1995), 85-108.

¹¹ Jon L. Dybdahl, ed., Adventist Mission in the 21st Century (Hagerstown, MD: Review and Herald, 1999), 17-39.

¹² Elena G. White, Palabras de Vida del Gran Maestro (Mountain View, CA: Pacific Press, 1900), 386.

¹³ Elena G. White, Testimonios para la Iglesia, vol. 7 (Mountain View, CA: Pacific Press, 1902), 225.

¹⁴ Elena G. White, Los Hechos de los Apóstoles (Mountain View, CA: Pacific Press, 1911), 14-16.