martes, 28 de julio de 2026

La torre de Babel

Dios es el creador de la diversidad humana. Muchos de los conflictos que se producen entre los distintos países y entre los habitantes de un mismo país son resultado de las diferencias raciales, lingüísticas y culturales que existen entre los pueblos. 
A veces los políticos tratan de eliminar esas diferencias en bien de la unidad nacional. 
A veces los dirigentes religiosos procuran disimular esas diferencias en nombre de la unidad cristiana. Pero debemos recordar que Dios es el origen de la diversidad humana.
Después del diluvio, Dios mandó en forma específica a Noé y a sus hijos, diciéndoles. "Fructificad y multiplicaos, y llenad la tierra* (Génesis 9:1, cursivas del autor). Los descendientes de Noé desobedecieron el mandamiento de Dios. Encontraron una llanura en Babilonia y decidieron edificar allí una gran ciudad, diciendo: "Hagámonos un nombre, por si fuéremos esparcidos sobre la faz de toda la tierra" (Génesis 11:4). Dios les había dicho que poblaran toda la tierra, pero ellos querían quedarse en un solo lugar y "hacerse un nombre". En aquel tiempo todos ellos hablaban una misma lengua.
Tenían unas mismas normas de conducta y estaban más unidos en su propósito que cualesquiera de los pueblos de antes del diluvio.
Con el fin de volverlos hacia su divino propósito, Dios realizó un milagro. Confundió su lengua, de modo que no pudiesen entenderse unos a otros. Dios creó, en forma instantánea, muchos grupos étnicos que se encontraron separados por una barrera idiomática, la cual fue el motivo de que se esparcieran sobre la faz de la tierra. Con el tiempo esos grupos desarrollaron sus propias normas de conducta y su propio sistema de valores. No se acercaron ni se unieron unos a otros, sino que se apartaron más y más. Sus lenguas se subdividieron y se tornaron aun más diferentes. En la actualidad hay más de siete mil idiomas hablados en el mundo.
Dios habría podido hacer muchas cosas para forzar a los descendientes de Noé a esparcirse por toda la tierra. Pero El prefirió confundir su lengua. El sabía que, andando el tiempo, eso sería causa de mucha incomprensión y muchos conflictos entre los seres humanos. También sabia Dios que las barreras culturales habrían de ser un gran obstáculo para la difusión del evangelio.
¡Pero Dios no comete errores! El sabe que las diferencias culturales impiden que el hombre pueda unificar a toda la raza humana en una rebelión pecaminosa contra Dios. Asimismo, hacen imposible que líderes políticos corrompidos puedan llegar a controlar fácilmente a toda la raza humana. Y, como lo estudiaremos más adelante, esas mismas diferencias culturales permiten que el evangelio se extienda con gran rapidez entre los grupos étnicos homogéneos". (Larry Pate. Misionología: Nuestro Cometido Transcultural. Miami: VIDA, 1987), 35.

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