martes, 28 de julio de 2026

El pentecostés

"Había llegado el día de la Fiesta de Pentecostés. Estaban todos unánimes juntos. El Espíritu Santo descendió y llenó toda la casa, y llenó a los discípulos. Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen. 
Muchos creyentes no comprenden el verdadero significado del día de Pentecostés del capítulo dos de Hechos. Creen que lo más importante de ese día fue que los creyentes hablaron en lenguas según el Espíritu Santo les daba que hablasen. Pero es importante también comprender: 1) ¿Quiénes escuchaban? ¿Qué clase de personas fueron testigos de esa manifestación divina? 2) ¿Qué fue lo que oyeron? ¿Cuál fue el significado de ese acontecimiento para los oyentes?  ¿Quiénes escuchaban a los discípulos el día de Pentecostés? 
Principalmente un grupo de personas conocidas como judíos helenistas. Eran judíos que durante dos o tres siglos habían sido dispersados a causa de las persecuciones por todos los países y territorios de las civilizaciones romana y griega de aquella era. Se habían dispersado y establecido en todas las principales ciudades griegas y romanas, así como en gran parte de las ciudades menores. 
Había aproximadamente unos 2,5 millones de judíos en Palestina en la época de Cristo. Pero había alrededor de 3,6 milliones de judíos helenistas que vivían fuera de Judea y de Palestina. Esos judíos helenistas habían sido esparcidos mayormente durante el reinado de los griegos (en los siglos tercero y segundo a.C.). Habían absorbido en gran parte la cultura griega y era por eso que los judíos de Palestina los conocían como helenistas. 
Los helenistas eran personas trilingües. Seguían siendo judíos y se congregaban en sus propias sinagogas para adorar dondequiera que se establecían. Aprendían el hebreo en las clases de la sinagoga. La mayoría de ellos aprendía el griego Koiné, la lengua comercial de aquella época. Pero también aprendían los idiomas o dialectos locales de los pueblos de las regiones donde se habían establecido. 
De modo que los helenistas hablaban cuando menos tres idiomas. 
Muchos de ellos se habían radicado en esos lejanos rincones del mundo romano o griego. ¡Algunos incluso llegaron a emigrar tan lejos como la India y la China! Absorbieron las culturas y costumbres de muchas tierras. Los idiomas de los pueblos en medio de los cuales vivían llegaban a ser su verdadera lengua materna, ya que aprendían esas lenguas desde pequeños. Pero los judíos helenistas nunca se olvidaron de Israel, que seguía siendo la Tierra Prometida. Si tenían éxito en su trabajo o en su negocio y deseaban tener un lugar para retirarse, era natural volver a Jerusalén. Esta seguía siendo para ellos la Ciudad de David, la Sion de Dios. 
El nuevo templo construido por Herodes había quedado terminado recientemente. Setenta años había llevado la edificación del complejo del templo, y era estupendo en su gloria y belleza! Había una creciente animación y expectativa en cuanto a la venida del esperado Mesías predicha por los profetas. La identificación nacionalista con Jerusalén y con el judaísmo surgía en el corazón de los hebreos en todo el mundo. Si los helenistas tenían de alguna manera los recursos necesarios para ello, querían regresar a vivir en esa costosa ciudad de Jerusalén. 
Y a Jerusalén venían ¡por millares! De hecho, según el Talmud (Historia judaica), había 480 sinagogas helenistas en Jerusalén en la época del día de Pentecostés descrito en Hechos 2. Se llamaban sinagogas helenistas porque los que regresaban a Jerusalén querían retener su propia identidad cultural. Adoraban en sus propias sinagogas en lengua hebrea al igual que cualquier otro judío. Pero cuando confraternizaban junto a la entrada de la sinagoga o unos en la casa de otros, hablaban en su lengua materna; las lenguas y dialectos de las regiones en que habían vivido en los lejanos rincones del Imperio Romano.
La ley judaica requería que todos los judíos hicieran una peregrinación a Jerusalén en cada una de las tres fiestas especiales del calendario judaico aunque, claro, los que vivían tan lejos no podían ir tres veces en un año. Había que hacer un esfuerzo para viajar aunque fuera una vez en la vida. La segunda de ellas era la fiesta de Pentecostés. Era una buena época del año para viajar por la calma del mar Mediterráneo. De modo que muchos judíos helenistas convergían en la ciudad de Jerusalén, procedentes de todas partes del mundo romano. Sin duda alguna venían para celebrar la fiesta de Pentecostés. Pero muchos de ellos venían también para ver a la abuela, o al abuelo, que estaban en Jerusalén. Dondequiera brotaban sitios de mercado provisionales, aun a la orilla de los caminos que llevaban a la ciudad, ahora atestados de peregrinos. A las nueve de la mañana, cuando el Espíritu Santo llenó a los discípulos, había gente en las calles por todas partes. 
De repente el estruendo de fuertes ráfagas de viento despertó la curiosidad de los que estaban en las proximidades del aposento alto. 
Entonces oyeron algo que los asombró. ¡No lejos de ellos algunos alababan a Dios en voz alta en las lenguas maternas de muchos de los que escuchaban! Judíos partos y elamitas, helenistas procedentes de Frigia, Panfilia y Egipto, helenistas procedentes de por lo menos quince regiones del Imperio Romano, oyeron las alabanzas de Dios en sus propias lenguas maternas ¡tan lejos de sus hogares! 
Los creyentes galileos, sin títulos universitarios, hablaban milagrosamente en por lo menos quince idiomas (enumerados en Hechos 2:8-10) las maravillas de Dios. Toda esa gente congregada en las calles, al oír cada uno su lengua materna estando tan lejos de su hogar, se miraban atónitos unos a otros, maravillados y asombrados. (Larry Pate. Misionología: Nuestro Cometido Transcultural. Miami: VIDA, 1987), 26-28.

El verdadero significado del día de Pentecostés. En ese momento Dios le estaba mostrando al mundo algo muy especial: El ya no se revelaría más por medio de los judíos. ¡Ahora lo haría por medio de la Iglesia de Jesucristo! Y esta Iglesia estaría tan llena de poder conferido por el Espíritu Santo que sería capaz de atravesar toda frontera racial, cultural o lingüística en la tierra para penetrar la idiosincracia de cada pueblo con el evangelio de Jesucristo. Sería una Iglesia determinada a penetrar la vida misma de cada sociedad, presentando el evangelio en la lengua materna, el lenguaje íntimo de cada pueblo. Dios declaraba que el plan de acción del Espíritu Santo en la Iglesia de Jesucristo sería establecer iglesias en medio de cada grupo de personas en la tierra". (Larry Pate. Misionología: Nuestro Cometido Transcultural. Miami: VIDA, 1987), 28.

"Superación del prejuicio judaico. Como se analizó anteriormente, los judíos tenían un gran prejuicio racial, religioso y cultural contra los gentiles. Los judíos religiosos procuraban evadir todo tipo de asociación con los gentiles. Los romanos dominaban a los judíos políticamente, pero eso les exaltaba el sentido de superioridad espiritual que tenían sobre todos los gentiles, la cual sentían en un grado tan intenso. ¡Y fue sobre este pueblo prejuiciado que Dios derramó su Espíritu Santo! Era una cosa esperar que ellos evangelizaran a su propia nación, pero otra muy diferente era enviarlos a que evangelizaran a los gentiles. ¡El Espíritu Santo tenía realmente una gigantesca tarea por delante si la iglesia judaica había de llevar a cabo eficazmente el propósito divino! 
El día de Pentecostés Pedro se puso en pie y predicó el evangelio. 
¡Tres mil personas fueron salvas! Probablemente muchas de ellas eran judíos helenistas que se hallaban en Jerusalén por la fiesta especial. Luego el número de creyentes creció rápidamente: 5.000, 10.000, 15.000; antes de pasar mucho tiempo, había ya aproximadamente unos 25.000 creyentes en la ciudad. 
Al principio, según la opinión de algunos eruditos, la mayor parte de los creyentes eran judíos helenistas. Pero pronto el número de creyentes de Judea alcanzó y sobrepasó el de creyentes helenistas". (Larry Pate. Misionología: Nuestro Cometido Transcultural. Miami: VIDA, 1987), 28.












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