Además de permitir a los coreanos que tuvieran su propia palabra para Dios, los
misioneros establecieron pronto la norma de permitirles que tuvieran sus propias iglesias.
En 1890 la llegada a Seúl de Juan L. Nevius, misionero presbiteriano veterano de China,
preparó el camino para la estrategia misionera que pronto sería una característica de las
misiones coreanas en general. El método de Nevius de iglesias con "gobierno,
sostenimiento y propagación propios" promovía un cristianismo autóctono, casi
completamente libre de influencias extranjeras. Los coreanos se encargaron pronto de los
asuntos de la iglesia. Un siglo después ellos mismos son la fuerza de ese crecimiento
fenomenal de la iglesia. Libro: Hasta los confines de la tierra"
"Después de la Segunda Guerra Mundial había tan sólo alrededor de un 3% de cristianos en toda la población de Corea del Sur. Pero aquellos creyentes eran muy activos en dar testimonio. También fueron muy leales a su país en la guerra que tuvieron con los comunistas a principios de la década de los cincuenta. Después de esa guerra llegaron al país muchos ministros interculturales para ayudar a la iglesia, pobre y en lucha por sobrevivir, y para establecer muchas iglesias más. En el transcurso de 25 años alrededor del 20% de la población adulta se dedicó seriamente a Cristo. A partir de entonces la tasa de crecimiento ha venido aumentando con mucha rapidez. Al presente ya un 30% a 33% de la población adulta ha creído, y son cristianos fuertes y sólidos... Están aprendiendo a evangelizar a otros pueblos, además del suyo". (Larry Pate. Misionología: Nuestro Cometido Transcultural. Miami: VIDA, 1987), 66.
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