Además de permitir a los coreanos que tuvieran su propia palabra para Dios, los misioneros establecieron pronto la norma de permitirles que tuvieran sus propias iglesias. En 1890 la llegada a Seúl de Juan L. Nevius, misionero presbiteriano veterano de China, preparó el camino para la estrategia misionera que pronto sería una característica de las misiones coreanas en general. El método de Nevius de iglesias con "gobierno, sostenimiento y propagación propios" promovía un cristianismo autóctono, casi completamente libre de influencias extranjeras. Los coreanos se encargaron pronto de los asuntos de la iglesia. Un siglo después ellos mismos son la fuerza de ese crecimiento fenomenal de la iglesia
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